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Catedral de Chillán

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Esta iglesia, obra del arquitecto Hernán Larraín Errazuriz, constituye parte de un proceso de reconstrucción de una ciudad que fue prácticamente destruida por el terremoto de 1939. Se halla situada en la esquina nor-oriente de una plaza que ocupa el centro de un perfecto damero, la nueva traza urbana para la ciudad de Chillán y se ha edificado como un monumento recordatorio dedicado a San Bartolomé, patrono de la localidad.

El volumen asemeja una enorme bóveda formada por una sucesión de arcos parabólicos separados cada 5 metros, uno de otro y que gracias a disposición oblícua que une su superficie interior de uno con la superficie exterior del otro, permiten la iluminación del interior a través de todo su perímetro.

Es una iglesia de nave única, alargada, cuyos muros laterales están formados por estos arcos que tienen aproximadamente 20 metros de altura y forman una línea quebrada en la que se combinan planos transversales y oblicuos respecto del eje longitudinal del templo. Los planos transversales están formados por ventanales radiales que sigue la forma de un arco parabólico, los planos oblícuos que unen estas láminas siguiendo la misma curvatura, se componen de un muro panel de hormigón, cuyos nervios estructurales se marcan exteriormente como relieves en el revestimiento de cobre de la cubierta, en tanto que interiormente se muestran como muros lisos revocados pintados de blanco.

El ingreso está definido por un nartex que se adosa al frontis a la manera de un arco de igual forma pero de menor dimensión que los que configuran la nave. Al ser el intradós una oblícua aguda, forma en el muro frontal una suerte de nicho de menor dimensión que contiene una pintura policromada que corona la puerta de ingreso. Este volumen contiene en su interior dos escaleras helicoidales que conectan con el coro, dispuesto a más de 7 metros de altura, el que no ha sido utilizado por problemas acústicos.

El presbiterio ocupa un amplio espacio trapezoidal al que se accede a través de una escalinata flanqueada por un arco que se estrecha para separar este ámbito de la nave de los fieles. Como un volumen adosado por la parte exterior al muro testero, un arco totalmente perforado en su perímetro, configura un absidiolo que ilumina con mayor intensidad la imagen del cristo crucificado. A su lado otro arco también perforado pero de mayor dimensión enmarca el ámbito del altar.

Así como el manejo de arcos de distinta dimensión o tratamiento, definen el ámbito del presbiterio, el altar y el ingreso, también el revestimiento del suelo cumple el papel de diferenciar cualitativamente el espacio; es así que un mismo material, el mármol, dibuja un tratamiento totalmente geométrico en el altar, uno muy libre y fraccionado en los ambulatorios laterales y uno mixto en las zonas principales de la nave; sólo el coro y los ambientes anexos tienen piso de madera.

En el perímetro del templo se han dispuesto diversos ambientes de baja altura, como una cripta, la capilla del sagrario y la sacristía. Su presencia hace que la iluminación perimetral de los arcos no parta a nivel del piso, sino a los 5 metros, de altura.

El campanario ha sido tratado como un elemento simbólico de escala monumental. Está separado de la iglesia y tiene la forma de una cruz, perforada en sus caras frontal y posterior por una celosía transparente que dibuja una cruz menor inscrita en la primera. Esta abertura ilumina el interior que dispone de una escalinata para acceder a su parte más alta.

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