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Laguna Rayenantú

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La Laguna Rayenantú tiene su origen en una romántica leyenda. Ubicada en el valle de Catirai donde habitaban los catirayes, los que no se doblegaron jamás ante el invasor , frente a ellos y separados por el río Bío-Bío, vivían los tralcamahuidas. Ambas tribus, pese a haberse unido algunas veces para luchar contra el enemigo común, los invasores, eran antiguos rivales. Dice la leyenda que luchas constantes avivaban el odio de las dos tribus hasta que el amor, que no sabe de barreras, vino a complicar más la situación. Fue el amor entre el hijo preferido del cacique de los tralcahuidas, el apuesto Rayencura -”flor poderosa”-, y la bella hija del cacique de Catirai, Rayenantu -”flor dorada”-. Ambos se enamoraron a pesar de la lucha ancestral y sangrienta que separaba a sus tribus más que el ancho Bío-Bío. Se encontraban a escondidas junto a la rivera, siempre temiendo ser sorprendidos. Hasta que en una tempestuosa noche de invierno ocurrió la tragedia. La joven Rayenantu desapareció, y al buscarla afanosamente la vieron en la lejanía nadar por la mitad del río con su amado hacia Talcamávida. Veloces se lanzaron los catirayes en su persecución, disparando flechas sobre los fugitivos. Al griterío bajaron los de Tralcahuida y se armó un feroz combate en medio de las aguas en la oscuridad de la noche. Finalmente la lluvia de flechas terminó por hacer blanco en los cuerpos de los enamorados. Muertos ambos, las tribus cesaron la lucha y recuperaron los cadáveres de Rayencura y Rayenantu para ser cada uno sepultado en la tierra de sus padres. Al día siguiente, asombrados los indios vieron que de cada tumba habían surgido vertientes que se transformaron en lagunas. 

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